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lunes, 10 de septiembre de 2007

Reporteros sin Fronteras: "Sí a la tortura"

Texto estraído de Rebelión. Autor Gennaro Carotenuto
30-08-2007

La noticia choca incluso a los que durante muchos años han denunciado las sospechosas actividades de Reporteros sin Fronteras. El jefe de esta organización, el francés Robert Ménard, durante una transmisión radiofónica en Francia, ha legitimado e incluso reivindicado el uso de la tortura.

El jefe de Reporteros sin Fronteras, una ONG nacida para defender la libertad de prensa y expresión en el mundo, Robert Ménard, en una emisión de France Culture -el audio de la que se puede escuchar en el sitio http://rue89.com/ legitimó el uso de la tortura.

Lo hizo con los argumentos típicos utilizados por los grandes torturadores de la historia, los Videla, los Pinochet: “Si hubiesen tomado de rehén a mi hija, no hubiese habido ningún límite al uso de la tortura”. Con "ningún límite" Ménard entendió realmente ninguno, incluyendo la captura y tortura de familiares inocentes de presuntos terroristas.

Lo que Ménard defiende es lo que en Argelia hicieron cientos de veces los franceses y luego fue repetido miles de veces por las dictaduras (y a veces por las democracias) latinoamericanas que, como se pudo reconstruir, entrenaron a sus torturadores en Estados Unidos, pero a menudo con técnicas estrenadas por los franceses en Argelia e Indochina.

Para ser aún más claro y no dar lugar a malentendidos, Ménard citó el caso de Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal secuestrado y asesinado en Paquistán. Para liberarlo, la dictadura amiga de Pervez Musharraf arrestó y torturó a los familiares de los presuntos captores. La conclusión es conocida. Con rara cobardía Ménard, para sustentar su tesis se escondió tras la viuda Pearl que, según él, defendería el uso de la tortura por la policía paquistaní en el vano intento de salvar a su marido.

Y aquí está el quid. Ménard, en su afán por crear una construcción ideológica que defienda Guantánamo y Abu Grahib, está fingiendo olvidarse de que saltar el límite de la tortura lo único que hace es igualar a los torturadores con los presuntos terroristas infrahumanos a quienes combaten. En Guatemala los manuales enseñaban a sacar los ojos a los niños para obligar a hablar a los padres. En Paquistán, como en Abu Grahib, Iraq, justificándose con la nobleza de la causa antiterrorista, usan los mismos manuales. Sin embargo el pobre Pearl fue igualmente asesinado.

Los argelinos, como los pueblos de Indochina, lograron liberarse del colonialismo, y hasta los torturadores criollos ya no saben dónde esconderse, como testimonia la noticia llegada desde Chile el martes, de la cadena perpetua a Hugo Salas Wenzer, uno de los principales colaboradores de Augusto Pinochet y autor intelectual de la masacre de Corpus Christi, cuando hizo asesinar doce militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

El cuestionado Ménard, hace dos años admitió que aceptaba dinero de la CIA para hacer que su organización, RSF (en la que colaboran ingenuamente cientos de voluntarios), resulte especialmente solícita en denunciar (a menudo modificando la verdad) las persecuciones a la prensa en países considerados enemigos por quien paga, típicamente, diariamente, continuamente, Cuba y Venezuela, Venezuela y Cuba. Al mismo tiempo RSF acepta dinero para callarse o reinterpretar las noticias de manera instrumental frente a las violaciones de la libertad de expresión cuando son cometidas por Estados Unidos o sus aliados.

Cuando Ménard afirma textualmente: "ya no es cuestión de ideas o de principios, sino de guerra", se ha integrado completamente en sistema ideológico de la guerra contra el terrorismo, de la negación, empezando por el "habeas corpus" de los derechos fundamentales del individuo. Ménard hoy sólo es un sicario a disposición del partido de la guerra, del neoconservadurismo puro y duro, de los Donald Rumsfeld, los Dick Cheney y los Alberto Gonzáles, cada vez más desprestigiados y sin embargo aún poderosos. RSF, a pesar de estos detalles siniestros sigue teniendo un gran prestigio internacional alimentado, por supuesto, por el hecho de estar completamente al servicio del pensamiento dominante. Sin embargo los cientos de voluntarios que creen que Reporteros sin Fronteras es una institución independiente, que trabaja por la libertad de expresión y que incluso está considerada progresista por algunos, están frente a una disyuntiva: hacerse cómplices o abrir los ojos.

http://www.gennarocarotenuto.it

sábado, 8 de septiembre de 2007

Chile y el cambio de época

Texto extraído de Rebelión, y de autor Ángel Guerra.

Desde el golpe fascista contra Salvador Allende al pueblo de Chile le han sido arrancados ininterrumpidamente la mayoría de los derechos económicos, políticos y sociales que conquistó en históricas luchas. Entre el gobierno de Pinochet y los de la democrática Concertación existe un hilo conductor: el mismo régimen expoliador y excluyente implantado en su momento a sangre y fuego.

Por eso no debe sorprender el despertar de la legendaria clase obrera chilena como protagonista político de primera línea, cuyo accionar podría ser decisivo en la derrota del neoliberalismo si se uniera al del pueblo mapuche, los estudiantes y mayoritarios sectores opuestos a esa política. Lo confirma la saña con que fue reprimida la reciente jornada de protesta de los trabajadores en el país austral. Prólogo de ella han sido dos grandes huelgas que reconquistaron el derecho a la negociación colectiva: la de los 5000 operarios madereros del poderoso grupo Angellini y la de los trabajadores contratados de la estatal Corporación del Cobre.

¿Y el milagro chileno, mostrado como paradigma de éxito en foros académicos y generosos espacios mediáticos, trompeteado por Bush, Aznar, Vargas Llosa, Oppenheimer y demás heraldos del libre mercado? Le ha hecho honor a su nombre al convertir al país con uno de los mejores índices de reparto de la riqueza en América Latina -incluso desde antes de las extraordinarias realizaciones del periodo de Allende- en una las doce naciones del mundo con mayor desigualdad. Según datos oficiales, el 10 por ciento más pobre recibe un 1.1 por ciento del ingreso, mientras el 10 por ciento más rico acapara el 42.3 por ciento.

Pero dejemos que respondan la pregunta autorizadas e ideológicamente disímiles voces del país austral. Jorge Pávez, presidente del Colegio de Profesores: “No ha cambiado la matriz de la dictadura, que entiende la educación como un privilegio para quienes puedan pagarla”; Juan Luis Castro, presidente del Colegio Médico: “En Chile no hay acceso igualitario a la salud. Hay que esperar días, semanas o meses para una atención médica y tenemos un importante déficit de especialistas. Esos son problemas reales que no han sido abordados”; Arturo Martínez, presidente de la Central Unica de Trabajadores: “Aquí hay gente que tiene hambre, que está aburrida de esperar”; Camilo Escalona, presidente del gubernamental Partido Socialista de la presidenta Michelle Bachelet: “La propia prensa señala los abusos que se están cometiendo en las cadenas de supermercados, que se presentan ante el país como las principales empresas con rentabilidad...que se está logrando sobre la base de abusos y atropellos”. Demos ahora la palabra al muy conservador Adolfo Zaldívar, senador y ex presidente de la Democracia Cristiana, uno de los dos partidos más importantes de la alianza de gobierno: El país “está en una situación límite, con una tecnocracia que ha avanzado sobre la base de un poder transversal dentro de la Concertación y de alguna forma respaldado por grupos económicos, poderes fácticos que han impuesto un modelo contrario a nuestra realidad y a la gente”(las cursivas son mías). Existen declaraciones similares a las de Zaldívar de otros integrantes de la elite chilena. ¿Se habrán vuelto chavistas?

Cuando personeros de las clases dominantes tocan arrebato es porque la quiebra del régimen es mucho más honda de lo que se aprecia en la superficie. Pero con sus peculiaridades, la situación en Chile expresa el fenómeno general de la debacle del capitalismo dependiente en América Latina. Tal vez nadie lo haya expresado más contundentemente que el presidente ecuatoriano Rafael Correa, cuando refiriéndose al socialismo del siglo XXI por edificar ha dicho que “no vivimos una época de cambios sino un cambio de época”.

Eso sí, no echemos campañas al vuelo esperando de las “leyes de la historia” que hagan por sí solas la tarea de los movimientos populares latinoamericanos y sus líderes. Es imperioso luchar muy duro, organizarse y unirse bolivarianamente para no desaprovechar esta coyuntura única en que es posible propinar a escala continental la mayor derrota de su historia al imperialismo de Estados Unidos. Como vemos en estos días en Bolivia, allí donde más cerca parecen estar los de abajo en tomar por fin las riendas de su destino clava la garra el águila imperial para tratar de impedirlo. No hay revolución que sobreviva si no mide acertadamente esa gravísima amenaza y es capaz de vencerla.